Ir al contenido principal

La fuerza de la fe (Lc 17,5-10)

27º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio

5 Los apóstoles le dijeron al Señor:
—Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esta morera: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería.
7 Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: «Entra enseguida y siéntate a la mesa?» 8 Por el contrario, ¿no le dirá más bien: «Prepárame la cena y dispónte a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú?» 9 ¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? 10 Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: «Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer».

Comentario a Lucas 17-5-10

En los versículos inmediatamente anteriores (vv. 3-4), el Señor había invitado a la grandeza de corazón en el perdón de las ofensas. Los Apóstoles son conscientes de la dificultad de esas exigencias, por eso Cristo enseña que con fe en Dios no hay nada imposible (vv. 5-6).

Es claro que Jesús ni recomienda el trato abusivo del amo ni lo aprueba (vv. 7-10). Pero nos enseña que la virtud desplegada al cumplir sus mandatos despertará la admiración de los demás, y nos consolará interiormente. Pero entonces, en lugar de engreírnos, debemos considerar que cumplimos solamente el plan de Dios: «No te jactes por ser llamado hijo de Dios —reconoce la gracia, y no desconozcas tu naturaleza—, ni te engrías por haberle servido bien: es lo que tenías que hacer. El sol hace su oficio, la luna obedece y los ángeles cumplen su servicio. (...) No pretendamos ser alabados por nosotros mismos, no adelantemos el juicio de Dios (...), reservémoslo para su momento» (S. AmbrosioExpositio Evangelii secundum Lucam, ad loc.).

Comentarios

Entradas más visitadas de este blog

Agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4,5-42)

3º domingo de Cuaresma – A. Evangelio 5 Llegó entonces a una ciudad de Samaría , llamada Sicar , junto al campo que le dio Jacob a su hijo José. 6 Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del viaje, se había sentado en el pozo. Era más o menos la hora sexta. 7 Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: —Dame de beber 8 —sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos. 9 Entonces le dijo la mujer samaritana : —¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? —porque los judíos no se tratan con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: —Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva . 11 La mujer le dijo: —Señor, no tienes nada con qué sacar agua, y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva? 12 ¿O es que eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 —Todo el ...

La transfiguración de Jesús (Mt 17,1-9)

2º domingo de Cuaresma – A. Evangelio 1 Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. 2 Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz. 3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. 4 Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: —Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 5 Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo: —Éste es mi Hijo, el Amado , en quien me he complacido: escuchadle. 6 Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. 7 Entonces se acercó Jesús y los tocó y les dijo: —Levantaos y no tengáis miedo. 8 Al alzar sus ojos no vieron a nadie: sólo a Jesús. 9 Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: - No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resu...

El rico epulón y el pobre Lázaro (Lc 16,19-31)

26º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio 19 Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y todos los días celebraba espléndidos banquetes. 20 En cambio, un pobre llamado Lázaro yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, 21 deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían a lamerle las llagas. 22 Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. 23 Estando en los infiernos, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno; 24 y gritando, dijo: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy atormentado en estas llamas». 25 Contestó Abrahán: ...