28º domingo del Tiempo ordinario – A . Evangelio 1 Jesús les habló de nuevo con parábolas y dijo: 2 —El Reino de los Cielos es como un rey que celebró las bodas de su hijo, 3 y envió a sus siervos a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. 4 Nuevamente envió a otros siervos diciéndoles: «Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y mis reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas». 5 Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon: quien a su campo, quien a su negocio. 6 Los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y los mataron. 7 El rey se encolerizó, y envió a sus tropas a acabar con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. 8 Luego les dijo a sus siervos: «Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. 9 Así que marchad...
28º domingo del Tiempo ordinario – A . 2ª lectura 12 He aprendido a vivir en la pobreza, he aprendido a vivir en la abundancia, estoy acostumbrado a todo en todo lugar, a la hartura y a la escasez, a la riqueza y a la pobreza. 13 Todo lo puedo en Aquel que me conforta. 14 No obstante, habéis hecho bien al compartir mi tribulación. Comentario a Filipenses 4,12-14 Las posibles dificultades que puedan presentarse en la vida no constituyen un obstáculo insalvable ni pueden ser ocasión de perder la paz. El cristiano cuenta con la fortaleza que Dios proporciona. La generosidad de los filipenses emociona a San Pablo. No busca dádivas de los de Filipos, sino el fruto que a ellos mismos les reportarán sus limosnas: «No necesito, dice, ni busco nada necesario, sino que debéis usar únicamente de benevolencia, para que podáis recibir el fruto de vuestra benevolencia» (Mario Victorino, In epistolam P...