Ir al contenido principal

Dios quiere que todos los hombres se salven (1 Tm 2,1-8)

25º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura

1 Te encarezco ante todo que se hagan súplicas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, 2 por los emperadores y todos los que ocupan altos cargos, para que pasemos una vida tranquila y serena con toda piedad y dignidad. 3 Todo ello es bueno y agradable ante Dios, nuestro Salvador, 4 que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
5 Porque uno solo es Dios
y uno solo también el mediador
entre Dios y los hombres:
Jesucristo hombre,
6 que se entregó a sí mismo en redención por todos.
Éste es el testimonio dado a su debido tiempo.
7 Yo he sido constituido mensajero y apóstol de ese testimonio —digo la verdad, no miento—, doctor de los gentiles en la fe y en la verdad.
8 Por tanto, quiero que los hombres hagan oración en todo lugar, alzando sus manos inocentes, sin ira ni disensiones.

Comentario a 1 Timoteo 2,1-8

Se ha de rezar por todos los hombres, no sólo por los amigos o bienhechores, ni sólo por los cristianos. La Iglesia facilita a todos los fieles el cumplimiento de este consejo con la «oración universal» o «de los fieles» de la Santa Misa, donde «el pueblo, ejerci­tando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres» (Misal Romano, Ordenación General, n. 45).

La voluntad salvífica universal de Dios está estrechamente conectada con la única mediación de Cristo, nuestro Salvador. Esto contrasta con la concepción pagana de entonces, que aspiraba a la salvación a través de una pluralidad de dioses salvadores. San Agustín afirma que fuera de Cristo, «camino universal de salvación que nunca ha faltado al género humano, nadie ha sido liberado, nadie es liberado, nadie será liberado» (De civitate Dei 10,32,2). Y el Concilio Vaticano II propone así lo que es patrimonio de la fe cristiana: «Cree la Iglesia que (...) no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea posible salvarse» (Gaudium et spes, n. 10). A la vez, conviene tener presente que la acción salvífica de Jesucristo, con y por medio de su Espíritu, se extiende más allá de los confines visibles de la Iglesia y alcanza a toda la humanidad. En efecto, el Concilio Vaticano II también afirmó que «la única mediación del Redentor no excluye, sino suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única» (Lumen gentium, n. 62). Juan Pablo II invita a profundizar el contenido de esta mediación participada, siempre bajo la norma del principio de la única mediación de Cristo: «Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo cobran significado y valor únicamente por la mediación de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias» (Redemptoris missio, n. 5). Por eso la Congregación para la Doctrina de la Fe recuerda que «debe ser, por lo tanto, firmemente creída como verdad de fe católica que la voluntad salvífica universal de Dios Uno y Trino es ofrecida y cumplida una vez para siempre en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios» (Dominus Iesus, nn. 14).

Comentarios

Entradas más visitadas de este blog

La multiplicación de los panes y los peces (Jn 6,1-15)

17º domingo del Tiempo ordinario – B. Evangelio 1 Después de esto partió Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades. 2 Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos. 3 Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe: —¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos? 6 —lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y do...

La sabiduría busca a los que son dignos (Sb 6,12-16)

32º domingo del Tiempo ordinario – A . 1ª lectura 12 La sabiduría es resplandeciente e imperecedera, los que la aman la contemplan con facilidad, los que la buscan, la encuentran. 13 Se adelanta a darse a conocer a quienes la anhelan. 14 Quien madruga por ella no pasará fatigas, la encontrará sentada a la puerta. 15 Pensar en ella es sensatez perfecta, quien vela por ella pronto estará libre de preocupaciones. 16 Que ella misma anda buscando a los que le son dignos, se les muestra en los caminos con actitud benigna y les sale al encuentro llena de solicitud. Comentario a Sabiduría 6,12-16 Exaltación de la sabiduría. No es fácil distinguir cuándo el hagiógrafo se refiere a la Sabiduría divina y cuándo a la sabiduría participada por el hombre. Se ensalza el resplandor y la incorruptibilidad de la sabiduría (v. 12). Ésta aparece personificada: «...

La Bienaventuranzas (Mt 5,1-12a)

4º domingo del Tiempo ordinario – A . Evangelio 1 Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; 2 y abriendo su boca les enseñaba diciendo: 3 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos . 4 Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. 5 Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos. 11 »Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. C...