Ir al contenido principal

Los diez leprosos (Lc 17,11-19)

28º domingo del Tiempo ordinario – C. Evangelio

11 Al ir de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaría y Galilea; 12 y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia 13 y le dijeron gritando:
—¡Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros!
14 Al verlos, les dijo:
—Id y presentaos a los sacerdotes.
Y mientras iban quedaron limpios. 15 Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, 16 y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. 17 Ante lo cual dijo Jesús:
—¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?
19 Y le dijo:
—Levántate y vete; tu fe te ha salvado.

Comentario a Lucas 17,11-19

Según la Ley de Moisés (Lv 13,45-46), para evitar el contagio, los leprosos debían vivir lejos de la gente y dar muestras visibles de su enfermedad; de ahí que estos diez se mantengan a distancia de Jesús y le hagan su petición a gritos (vv. 12-13). El lugar donde se desarrolla el episodio explica que anduviera un samaritano junto con unos judíos. Había una antipatía mutua entre ambos pueblos (cfr Jn 4,9), pero el dolor unía a los leprosos por encima de los resentimientos de raza.

Aquellos hombres reaccionaron con fe ante la indicación de Jesús (v. 14), pero sólo uno de ellos une el agradecimiento a la fe: un samaritano. Jesús califica esta acción como «dar gloria a Dios» (v. 18), y de ahí que si los diez han sido curados, sólo de este extranjero se dice que también ha sido «salvado» (v. 19). La escena queda así como un ejemplo de lo que Jesús había anunciado en su discurso inaugural en la sinagoga de Nazareth (cfr 4,27). Es asimismo una invitación a ser agradecidos con Dios: «¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras: “Gracias a Dios”? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad» (S. Agustín, Epistolae 41,1).

Comentarios

Entradas más visitadas de este blog

La multiplicación de los panes y los peces (Jn 6,1-15)

17º domingo del Tiempo ordinario – B. Evangelio 1 Después de esto partió Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades. 2 Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos. 3 Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe: —¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos? 6 —lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y do...

La sabiduría busca a los que son dignos (Sb 6,12-16)

32º domingo del Tiempo ordinario – A . 1ª lectura 12 La sabiduría es resplandeciente e imperecedera, los que la aman la contemplan con facilidad, los que la buscan, la encuentran. 13 Se adelanta a darse a conocer a quienes la anhelan. 14 Quien madruga por ella no pasará fatigas, la encontrará sentada a la puerta. 15 Pensar en ella es sensatez perfecta, quien vela por ella pronto estará libre de preocupaciones. 16 Que ella misma anda buscando a los que le son dignos, se les muestra en los caminos con actitud benigna y les sale al encuentro llena de solicitud. Comentario a Sabiduría 6,12-16 Exaltación de la sabiduría. No es fácil distinguir cuándo el hagiógrafo se refiere a la Sabiduría divina y cuándo a la sabiduría participada por el hombre. Se ensalza el resplandor y la incorruptibilidad de la sabiduría (v. 12). Ésta aparece personificada: «...

La Bienaventuranzas (Mt 5,1-12a)

4º domingo del Tiempo ordinario – A . Evangelio 1 Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; 2 y abriendo su boca les enseñaba diciendo: 3 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos . 4 Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. 5 Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados. 7 Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. 9 Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos. 11 »Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. C...