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Desde la eternidad fue formada la Sabiduría (Pr 8,22-31)

Santísima Trinidad – C. 1ª lectura

22 El Señor me tuvo al principio de sus caminos,
antes de que hiciera cosa alguna, desde antaño.
23 Desde la eternidad fui formada,
desde el comienzo, antes que la tierra.
24 Cuando no existían los océanos fui dada a luz,
cuando no había fuentes repletas de agua.
25 Antes que se asentaran los montes,
antes que las colinas fui dada a luz.
26 Aún no había hecho la tierra ni los campos,
ni el polvo primero del mundo.
27 Cuando asentaba los cielos, allí estaba yo,
cuando fijaba un límite a la superficie del océano,
28 cuando sujetaba las nubes en lo alto,
cuando consolidaba las fuentes del océano,
29 cuando ponía su límite al mar
para que las aguas no lo traspasaran,
cuando fijaba los cimientos de la tierra,
30 yo estaba proyectando junto a Él,
lo deleitaba día a día,
actuando ante Él en todo momento,
31 jugando con el orbe de la tierra,
y me deleitaba con los hijos de Adán.

Comentario a Proverbios 8,22-31

La Sabiduría está en el origen del orden y la estabilidad del mundo, ya que está presente junto a Dios desde el principio (vv. 22-31).

En este canto, con lenguaje solemne y con figuras tomadas de la cosmogonía tradicional de Israel, se manifiesta la relación entre Sabiduría y creación del mundo y del hombre. La Sabiduría está junto a Dios en la creación y se goza especialmente en su relación con el hombre. Aparece descrita con unos rasgos personales que preparan para comprender más adelante, en el progreso de la Revelación, el misterio de la Santísima Trinidad. En el Prólogo del Evangelio de San Juan se describirá la relación entre Dios y el Verbo con unos términos que recuerdan en parte este texto (vv. 22-30, cfr Jn 1,1; v. 35, cfr Jn 1,4). La dignidad que tiene la Sabiduría en el canto de los Proverbios será atribuida a Cristo en algunos escritos del Nuevo Testamento: en la Carta a los Colosenses se le designa como «primogénito de toda criatura» (Col 1,15) y en el Apocalipsis como «principio de la creación de Dios» (Ap 3,14). En este sentido se lee Pr 8,22-31 en esta solemnidad de la Santísima Trinidad.

Desde el siglo VI se incluye este pasaje también en la Misa de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre). De este modo la Iglesia reconoce que, así como el Verbo es Dios desde la eternidad y está activo en la creación del mundo, la Madre del Salvador de algún modo también habría de estar en la mente de Dios «desde el comienzo» (vv. 22-23). «María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la Plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello, los más bellos textos sobre la sabiduría, la tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María (cfr Pr 8,1-9,6; Si 24): María es cantada y representada en la Liturgia como el “Trono de la Sabiduría”» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 721).

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