Ir al contenido principal

El Señor se ha complacido en ti (Is 62,1-5)

2º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura

1 Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré
hasta que su justicia despunte como la aurora,
y su salvación arda como una antorcha.
2 Las naciones verán tu justicia,
y todos los reyes, tu gloria;
te llamarán con un nombre nuevo,
que pronunciará la boca del Señor.
3 Serás corona gloriosa en la mano del Señor,
diadema real en la palma de tu Dios.
4 Ya no te dirán más: «Abandonada»,
ni de tu tierra dirán ya: «Desolada»,
sino que te llamarán: «Mi-delicia-está-en-ella»,
y a tu tierra: «Desposada»,
porque el Señor se ha complacido en ti,
y tu tierra tendrá esposo.
5 Como un joven se desposa con una virgen,
contigo se desposará tu constructor,
y como se alegra el novio con la novia
se deleitará en ti el Señor.
y su premio va por delante.

Comentario a Isaías 62,1-5

La ciudad nueva de Jerusalén es ahora mencionada expresamente e identificada con Sión (v. 1). Será exaltada en este nuevo himno puesto en boca del profeta, que juega poéticamente con los sobrenombres que recibe en el marco de la imagen esponsal tantas veces repetida en los profetas desde Oseas.

Estor primeros versos, dirigidos a la ciudad, van señalando la novedad de la situación que se espera al hilo de los apelativos que se le dan: ya nadie se sentirá desamparado ni solo, porque Dios ha mostrado con Jerusalén la ternura de un enamorado —la llama «Mi delicia»— y el amor eficaz de un esposo —«Desposada»— (v. 4). A continuación, los beneficios de esta alianza esponsal están reflejados, como en Oseas (cfr Os 2,11-15), en las metáforas de cosechas abundantes (vv. 8-9).

Comentarios

Entradas más visitadas de este blog

Himno a la caridad (1 Co 12,31—13,13)

4º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 12,31 Aspirad a los carismas mejores. Sin embargo, todavía os voy a mostrar un camino más excelente. 13,1 Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, sería como el bronce que resuena o un golpear de platillos. 2 Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, no sería nada. 3 Y aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, de nada me aprovecharía. 4 La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, 5 no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, 6 no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; 7 todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 La caridad n...

Tu luz: las obras de misericordia (Is 58,7-10)

5º domingo del Tiempo ordinario – A . 1ª lectura 7 ¿[El ayuno que yo prefiero] no es compartir tu pan con el hambriento, e invitar a tu casa a los pobres sin asilo? Al que veas desnudo, cúbrelo y no te escondas de quien es carne tuya. 8 Entonces tu luz despuntará como la aurora, y tu curación aparecerá al instante, tu justicia te precederá y la gloria del Señor cerrará tu marcha. 9 Entonces clamarás, y el Señor te responderá, pedirás socorro, y Él te dirá: «Aquí estoy». Si apartas de en medio de ti el yugo, el señalar con el dedo, y la maledicencia , 10 y ofreces tu propio sustento al hambriento, y sacias el alma afligida, entonces tu luz despuntará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. Comentario a Isaías 58,7-10 Estas palabras son parte de una denuncia profética : se c...

La multiplicación de los panes y los peces (Jn 6,1-15)

17º domingo del Tiempo ordinario – B. Evangelio 1 Después de esto partió Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades. 2 Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos. 3 Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe: —¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos? 6 —lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y do...