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La mujer fuerte (Pr 31,10-13.19-20.30-31)

33º domingo del Tiempo ordinario – A . 1ª lectura
10 Una mujer fuerte ¿quién la encontrara?
Vale mucho más que las perlas.
11 En ella confía el corazón de su marido,
y no le faltará ganancia.
12 Le procura bien y no mal
todos los días de la vida.
13 Busca lana y lino
y trabaja con diligencia.
19 Aplica sus manos a la rueca,
sus palmas empuñan el huso.
20 Abre su palma al indigente,
y extiende su mano al pobre.
30 Falaz es la gracia y vana la hermosura,
la mujer que teme al Señor será alabada.
31 Dadle el fruto de sus manos,
y que sus obras la alaben en las puertas.
El libro de los Proverbios se cierra con este hermoso poema acróstico (la primera letra de cada uno de sus versos corresponde a las del alfabeto hebreo según su orden desde el principio hasta el final) acerca de las cualidades que adornan a la esposa ideal en el ámbito de una familia rural del antiguo Israel. Muy probablemente tiene valor simbólico. El prólogo del libro había presentado la Sabiduría personificada como una mujer que invita a todos al banquete preparado en su casa. Ahora, en esta mujer perfecta, que sabe hacer lo oportuno en todas las circunstancias concretas de la vida, queda reflejada de nuevo la Sabiduría que Dios ha dejado impresa en el orden de las cosas creadas.
En el canto aflora, por otro lado, la fuerza moral de la mujer. Comenta Juan Pablo II que esta fuerza «se expresa en numerosas figuras femeninas del Antiguo Testamento, del tiempo de Cristo, y de las épocas posteriores hasta nuestros días. La mujer es fuerte por la conciencia de esta entrega, es fuerte por el hecho de que Dios “le confía el hombre”, siempre y en cualquier caso, incluso en las condiciones de discriminación social en las que pueda encontrarse. Esta conciencia y esta vocación fundamental hablan a la mujer de la dignidad que recibe de parte de Dios mismo, y todo ello la hace “fuerte” y la reafirma en su vocación. De este modo, la “mujer perfecta” (cfr Pr 31,10) se convierte en un apoyo insustituible y en una fuente de fuerza espiritual para los demás, que perciben la gran energía de su espíritu. A estas “mujeres perfectas” deben mucho sus familias y, a veces, también las Naciones» (Mulieris dignitatem, n. 30).

Comentarios

JosephLudovic ha dicho que…
Esto está re-bueno! Muchísimas gracias!

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