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¿Quién nos apartará del amor de Cristo? (Rm 8,35.37-39)

18º domingo del Tiempo ordinario – A . 2ª lectura

35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?
37 Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, 39 ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Comentario a Romanos 8,35-37

Estos versículos son como una recapitulación de lo expuesto en todo el capítulo. Expresan una de las declaraciones más elocuentes de Pablo: la fuerza omnipotente de Aquel que ama a la criatura humana, hasta el punto de entregar a la muerte a su propio Hijo Unigénito, hará que salgamos victoriosos de los ataques y padecimientos. Los cristianos, con tal de que queramos acoger los beneficios divinos, podemos tener la certeza de alcanzar la salvación, porque Dios no dejará de darnos las gracias necesarias. Nada de lo que nos pueda ocurrir podrá apartarnos del Señor: ni temor de la muerte, ni amor de la vida, ni príncipes de los demonios, ni potestades del mundo, ni tormentos que nos hacen sufrir....

Con la enumeración de fuerzas superiores al hombre (vv. 38-39), San Pablo quiere expresar que nada ni nadie es más fuerte que el amor irrevocable que se nos ha dado en Cristo Jesús. Es cierto que todavía, mientras vivimos, no hemos alcanzado la salvación, pero tenemos la certeza de lograrla merced a las gracias que Dios no deja de darnos. Éste es el motivo por el cual vivimos como hijos de Dios, sin miedo a la vida ni miedo a la muerte. «Mientras contemos con el amor de Dios, no recibiremos ningún daño. En efecto, el amor con que nos ha amado ha raptado nuestro afecto hacia Él, nos ha conseguido que no sintamos ni el dolor ni la crucifixión del cuerpo. Por eso, en todas las cosas venceremos. Eso es lo que dice la esposa del Cantar de los Cantares, al afirmar: Estoy herida por el amor (Ct 2,5). Así también recibe nuestra alma la herida del amor de Cristo; aunque el cuerpo sea entregado a la espada, no sentirá las heridas de la carne gracias a la herida del amor» (Orígenes, Commentarii in Romanos 7,11).

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