13º domingo del Tiempo ordinario – A . 1ª lectura
Comentario a 2 Reyes 4,8-16
Eliseo aparece como un profeta itinerante que sólo va acompañado por su criado y que tiene su punto de referencia en el Carmelo: son rasgos que le asemejan a Elías. La historia que recoge aquí el texto sagrado muestra que Dios bendice con el don de la maternidad, por la intervención del profeta, a aquella mujer sin hijos.
San Juan Crisóstomo cita este pasaje para mostrar que el verdadero amor lleva a preocuparse también del bienestar material de los demás: «Así Eliseo no sólo ayudaba espiritualmente a la mujer que lo había acogido sino que intentaba recompensarla desde un punto de vista material» (S. Juan Crisóstomo, De laudibus Sancti Pauli Apostoli 3,7).
Este relato sobre Eliseo pone de relieve la recompensa que recibe quien acoge a un profeta por ser profeta; es un preludio de la recompensa que Jesucristo anuncia que merecerá quien reciba a un apóstol por ser apóstol (cfr Mt 10,13-14).
De este pasaje se deduce ante todo, como de 1 R 17,20, el poder de la oración del profeta y de toda oración a Dios hecha con fe. Pero también aprendemos aquí que cuando Dios concede un don, por sorprendente o inesperado que sea —como el hijo a aquella mujer— da también la gracia para conservarlo y hacerlo fructificar. El Señor no nos deja abandonados después de habernos otorgado beneficios tales como las propias capacidades personales o la vocación misma, aunque no lo hubiéramos pedido antes.

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