Ir al contenido principal

Dureza del corazón (Ez 2,2-5)

14º domingo del Tiempo ordinario – B. 1ª lectura

2 Mientras hablaba, entró en mí un espíritu que me puso en pie. Y oí al que me hablaba. 3 Me dijo:

—Hijo de hombre, te envío a los hijos de Israel, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres han estado ofendiéndome hasta hoy, 4 Te envío a hijos de semblante impenetrable y de corazón duro. Les dirás: «Esto dice el Señor Dios». 5 Ellos, te escuchen o no te escuchen, porque son una casa rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

Comentario a Ezequiel 2, 2-5

«Un espíritu que me puso en pie» (v.2). En la visión de la gloria del Señor la palabra «espíritu» tiene tres significados. Como elemento material designa el viento huracanado (1,4; cfr 13,11). De aquí se deriva el segundo significado: el espíritu es fuerza interior y sobrehumana que dirige a los seres vivientes y querubines marcándoles cuándo y hacia dónde deben moverse (cfr 1,12.20.21). Pero, en el relato de la vocación, espíritu tiene un tercer sentido: es la fuerza vital, que recuerda el «aliento de vida» que Dios insufló al hombre en el momento de la creación (cfr Gn 2,7); este significado será más claro en la visión de los huesos revitalizados (cfr 37,5.6.8.10). Como fuerza vital, siempre que en Ezequiel el espíritu está relacionado con el profeta, es para «ponerlo en pie» (2,1), para «elevarlo» con el fin de que pueda escuchar mejor la palabra de Dios (3,12. 14.24) y ver lo que ocurre en el Templo de Jerusalén (cfr 8,3; 11,1; 43,5) o en Babilonia (cfr 11,24). Es, por tanto, la fuerza interior que le transforma en profeta y le facilita escuchar o ver lo que por la simple capacidad humana (por «hijo de hombre») no podría alcanzar.

Israel es un «pueblo de rebeldes» (v.3) o, como se dice poco después (cfr 2,8), «casa rebelde». El libro define al pueblo con esta expresión negativa (cfr 2,5.6.8; 3,9), que resume la historia pecaminosa de los antiguos y la actitud hostil de los contemporáneos. La rebeldía lleva consigo volverse contra Dios, el rechazo de sus mandamientos y la negación a escuchar sus palabras. Como consecuencia aparece la dureza de corazón (2,4), que hasta llega a reflejarse en la expresión adusta del rostro. Ezequiel insiste una y otra vez en la gravedad del pecado, precisamente por ser voluntario. El pueblo «no quiere escucharte a ti porque no quiere escucharme a Mí» (3,7). Precisamente porque el pecado requiere un acto libre de la voluntad, el profeta enseña con claridad extraordinaria la responsabilidad personal. Cada uno será castigado por sus propios pecados no por los de sus predecesores (cfr 18,1-32). Frente a la rebeldía del pueblo, Dios exige al profeta una especial docilidad: «No seas rebelde» (2,8). El Señor pide la escucha y la acogida gozosa de la palabra de Dios. La acción de comer el libro muestra de forma expresiva el alcance de la docilidad. Aunque el mensaje sea crudo, «lamentos, elegías y gemidos» (2,10), resultará «dulce como la miel» (3,3) en el paladar del profeta que lo acoge con docilidad.

«Esto dice el Señor Dios» (v.4). Esta expresión pone de relieve que el profeta no habla por cuenta propia. Suele llamarse «fórmula del mensajero», y es frecuente también en otros profetas, sobre todo en Isaías y Jeremías. Sin embargo, en Ezequiel, donde aparece casi ciento treinta veces, el nombre de Dios está reforzado —Señor Dios—, indicando la majestad infinita del Señor que habla imperiosamente. La obstinación en rechazar su palabra es en verdad un acto de rebeldía por parte del pueblo, y la docilidad del profeta, un acto de sumisión casi obligada. De hecho Ezequiel no opone resistencia a la voz del Señor ni presenta ninguna dificultad personal como lo hicieron Isaías y Jeremías. Al contrario, sabiendo que transmite un mensaje divino, que no es suyo, debe hacerlo con fortaleza y perseverancia, aunque sus oyentes no lo acepten, o lo rechacen (cfr 2,6-7; 3,11). «Los profetas de Dios ­—dice San Agustín— son aquellos que dicen lo que escuchan de Dios, y un profeta de Dios no es otro que aquel que expresa las palabras de Dios a los hombres que, por su parte, no pueden o no merecen entender a Dios» (Quaestiones in Heptateuchum 2,17).

«Sabrán que hay un profeta en medio de ellos» (v.5). Con frase solemne se subraya la condición de Ezequiel como profeta. En un momento en que no hay rey —puesto que está prisionero bajo Nabucodonosor—, ni Templo —pues está profanado y a punto de ser destruido—, ni instituciones sociales o religiosas, la figura del profeta cobra mayor relieve. Es el único representante de Dios en medio del pueblo; es quien tiene autoridad para exigir a sus conciudadanos atención a su mensaje.

Comentarios

Entradas más visitadas de este blog

El Señor te bendiga y te guarde (Nm 6,22-27)

Santa María, Madre de Dios - 1ª lectura 22 El Señor habló a Moisés diciendo: 23 —Habla a Aarón y a sus hijos y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel , diciéndoles: 24 “El Señor te bendiga y te guarde, 25 el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su gracia, 26 el Señor alce su rostro hacia ti y te conceda la paz”». 27 »Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré. Comentario a Números 6,22-27 Esta fórmula de bendición es una de las más antiguas que nos ha conservado la Biblia . Se alude a ella en algunos Salmos (cfr 31,17; 67,2; etc.) y era empleada por los sacerdotes en la liturgia del Templo. Consta de tres peticiones que comienzan con el nombre del Señor. Algunos autores de la antigüedad vieron en la triple invocación un preanuncio de la Santísima Trinidad . Se implora a continuación la protección de la vida, la gracia y la paz; tres dones que resumen las aspiraciones del hombre y que sólo Dios puede otorgar en plenitud....

También los paganos participan de nuestra herencia (Ef 3,2-3a.5-6)

Epifanía. 2ª lectura 2 Ya habréis oído que Dios me concedió el encargo de administrar su gracia en favor vuestro, 3a pues mediante una revelación se me dio a conocer el misterio 5 que no se dio a conocer a los hijos de los hombres en otras generaciones, como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 a saber, que los gentiles son coherederos, miembros de un mismo cuerpo y copartícipes de las promesas en Cristo Jesús mediante el Evangelio. Comentario a Efesios 3,2-6 En el Antiguo Testamento se había revelado por la promesa hecha a Abrahán, que en su descendencia serían bendecidas todas las naciones de la tierra (cfr Gen 12,3; Sir 44,21). Pero la forma en que se iba a realizar aquella bendición no había sido desvelada. Los judíos siempre pensaron que sería a través de su exaltación, como pueblo, entre todos los demás pueblos. San Pablo descubre, a la luz de cuanto Jesucristo le reveló, que no ha sido ese el camino elegido por Dios, sino la inc...

Himno a la caridad (1 Co 12,31—13,13)

4º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 12,31 Aspirad a los carismas mejores. Sin embargo, todavía os voy a mostrar un camino más excelente. 13,1 Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, sería como el bronce que resuena o un golpear de platillos. 2 Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, no sería nada. 3 Y aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, de nada me aprovecharía. 4 La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, 5 no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, 6 no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; 7 todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 La caridad n...