Ir al contenido principal

Privilegios de Israel y fidelidad de Dios (Rm 9,1-5)

19º domingo del Tiempo ordinario – A . 2ª lectura
1 Os digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo: 2 siento una pena muy grande y un continuo dolor en mi corazón. 3 Pues le pediría a Dios ser yo mismo anatema de Cristo en favor de mis hermanos, los que son de mi mismo linaje según la carne. 4 Ésos son los israelitas: a ellos pertenece la adopción de hijos y la gloria y la alianza y la legislación y el culto y las promesas, 5 de ellos son los patriarcas y de ellos según la carne desciende Cristo, el cual es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos. Amén.
Comienza aquí la última sección de la parte doctrinal de la carta. Puede decirse que Pablo responde a una pregunta implícita: la justificación por la fe en Cristo ¿cómo es coherente con las promesas de Dios a Israel? Si desde el principio había un designio de Dios que debía conducir hasta el Mesías, ¿cómo es que los judíos, que habían recibido las promesas de los patriarcas, la Ley y los Profetas, han rechazado a Cristo? Retomando lo dicho ya en 3,1-2, el Apóstol trata del privilegio del pueblo hebreo como destinatario primero de la revelación divina (9,1-5).
El ser descendientes de Jacob (Israel) era el fundamento de los privilegios divinos concedidos a los israelitas a lo largo de la historia. Sin embargo, San Pablo, mostrando un gran amor hacia los de su raza, enseña que la gran dignidad del pueblo elegido se pone de manifiesto más bien en que Dios quiso asumir una naturaleza humana de la raza hebrea (vv. 1-5). Jesucristo desciende de los israelitas «según la carne», y es a la vez verdadero Dios, porque es «sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos» (v. 5). Esta afirmación, a manera de doxología o glorificación de Dios, era un modo de ensalzar al Señor en el Antiguo Testamento (cfr Sal 41,14; 72,19; 106,48; Ne 9,5; Dn 2,20 etc.). Aplicada a Jesucristo constituye una de las fórmulas más expresivas de afirmar su divinidad. En otros textos paulinos se encuentran formulaciones parecidas, relativas al núcleo del misterio de la Encarnación: cfr 1,3-4; Flp 2,6-7; Col 2,9; Tt 2,13-14.

Comentarios

Entradas más visitadas de este blog

La multiplicación de los panes y los peces (Jn 6,1-15)

17º domingo del Tiempo ordinario – B. Evangelio 1 Después de esto partió Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades. 2 Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos. 3 Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe: —¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos? 6 —lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y do...

El tesoro escondido (Mt 13,44-52)

17º domingo del Tiempo ordinario – A . Evangelio 44 El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. 45 Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas 46 y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra. 47 Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que se echa en el mar y recoge todo clase de cosas. 48 Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera. 49 Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos 50 y los arrojarán al horno del fuego . Allí habrá llanto y rechinar de dientes . 51 ¿Habéis entendido todo esto? —Sí —le respondieron. 52 Él les dijo: —Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tes...

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? (Rm 8,35.37-39)

18º domingo del Tiempo ordinario – A . 2ª lectura 35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? 37 Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, 39 ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro. Comentario a Romanos 8,35-37 Estos versículos son como una recapitulación de lo expuesto en todo el capítulo. Expresan una de las declaraciones más elocuentes de Pablo: la fuerza omnipotente de Aquel que ama a la criatura humana, hasta el punto de entregar a la muerte a su propio Hijo Unig...