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Somos hijos de Dios (1 Jn 3,1-2)

4º domingo de Pascua – B. 2ª lectura

1 Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. 2 Queridísimos: ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como es.

Comentario a 1 Juan 3,1-2

La filiación divina es una realidad espléndida por la que Dios da gratuitamente a los bautizados una dignidad estrictamente sobrenatural, que nos introduce en la intimidad divina y nos hace domestici Dei, familiares de Dios (cfr Ef 2,19). «Ésa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 133).

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