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¿Qué nación hay que tenga unas leyes tan justas como la que hoy os entrego? (Dt 4,1-2. 6-8)

22º domingo del Tiempo ordinario – B. 1ª lectura

1 Ahora, Israel, escucha las leyes y normas que yo os enseño a poner en práctica para que viváis y para que entrando en la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os da, toméis posesión de ella. 2 No añadáis nada a los mandamientos que os ordeno, ni tampoco omitáis nada de ellos, sino guardad los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os prescribo.
6 Observadlas y llevadlas a la práctica, pues serán vuestra sabiduría y vuestro discernimiento a los ojos de los pueblos que, al conocer todos estos mandatos, dirán: «En verdad esa gran nación es un pueblo sabio y juicioso». 7 Porque ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos, como lo está el Señor, nuestro Dios, cuantas veces le invocamos? 8 Y ¿qué nación hay tan grande que tenga unas leyes y normas tan justas, como toda esta ley que hoy os entrego?

Comentario a Deuteronomio 4,1-6

Después de recordar los principales sucesos del desierto a partir del Sinaí-Horeb, en los que se manifestó la especialísima providencia del Señor, se subraya la situación de privilegio de los hebreos al ser elegidos por Dios de entre todos los pueblos, y al poder acercarse a Él en un grado de intimidad desconocido para los gentiles.

El pasaje constituye un prólogo anticipado, en el que se exhorta al cumplimiento de la Ley, cuyo cuerpo central legislativo se dará más adelante (5,1-6,6; 12,1-28,68); tal vez fuera introducido en una revisión del libro.

El argumento principal para urgir al cumplimiento de la Ley es la presencia especial de Dios en medio de su pueblo (vv. 7-8). El tema que se desarrolla en esos versículos es típicamente sapiencial. Por lo demás, la misma vida de Israel, configurada por el cumplimiento de la Ley, será la más elocuente enseñanza para los demás pueblos. También en este tema hay una amplitud de horizontes, una latente mi­sión universal del pueblo elegido que proyecta su perspectiva hacia tiempos futuros y tendrá su cumplimiento en la futura expansión de la Iglesia entre los pueblos de la tierra.

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