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Levántate y come que te queda un largo camino (1 R 19,4-8)

19º domingo del Tiempo ordinario – B. 1ª lectura

4Luego anduvo una jornada por el desierto y vino a sentarse debajo de una retama. Y se deseó la muerte diciendo:

—Ya es demasiado, Señor, toma mi vida pues yo no soy mejor que mis padres.
5Se echó y se quedó dormido debajo de la retama. De pronto, un ángel le tocó y le dijo:
—Levántate y come.
6Miró a su cabecera y había una torta asada y un jarro de agua. Él comió y bebió; luego se volvió a echar. 7El ángel del Señor volvió a tocarle por segunda vez y le dijo:
—Levántate y come porque te queda un camino demasiado largo.
8Se levantó, comió y bebió; y con las fuerzas de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Comentario a 1 Reyes 19,4-8

Elías repite en cierto modo el camino del pueblo elegido al salir de Egipto perseguido por el faraón. El alimento que le da el ángel también ha sido visto en la tradición de la Iglesia como una figura de la Eucaristía ya que «los fieles, mientras viven en este mundo, por la gracia de este sacramento disfrutan de suma paz y tranquilidad de conciencia; reanimados después con su virtud suben a la gloria y bienaventuranza eterna, a la manera de Elías, quien, fortalecido con el pan cocido debajo de la ceniza, anduvo (cuarenta días y cuarenta noches) hasta llegar al Horeb, monte de Dios, cuando se le acercó el tiempo de salir de esta vida» (Catecismo Romano 2,4,54).

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