26º domingo del Tiempo ordinario – A . Evangelio
Comentario a Mateo 21,28-32
La parábola de los dos hijos sólo viene recogida en Mateo y subraya la necesidad de la conversión (v. 32): Israel es como el hijo que dijo «sí» a Dios pero luego no creyó y no dio frutos (cfr v. 30), como los fariseos que «dicen pero no hacen» (23,3). En cambio, los pecadores dicen «no» a las obras de la Ley con su conducta, pero se convierten ante los signos de Dios (v. 32), cumplen la voluntad del Padre y entran en el Reino de Dios (v. 31).
El Señor señala tres jalones en el camino (v. 32) que lleva a la fe: ver, arrepentirse y creer. «Cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios. Pero puedes sanar, si quieres. Ponte en manos del médico, y él punzará los ojos de tu alma y de tu corazón. ¿Qué médico es éste? Dios, que sana y vivifica mediante su Palabra y su sabiduría. (...) Si entiendes todo esto y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón, y entonces entenderás todo esto» (S. Teófilo de Antioquía, Ad Autolycum 1,7).

Comentarios