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Donde hay envidia, allí hay malas obras (St 3,16—4,3)

25º domingo del Tiempo ordinario – B. 2ª lectura

16 Porque donde hay celos y rencillas, allí hay desorden y toda clase de malas obras. 17 En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, y además pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. 18 Los que promueven la paz siembran con la paz el fruto de la justicia.
4,1 ¿De dónde proceden las guerras y las peleas entre vosotros? ¿Acaso no provienen de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? 2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y tenéis envidia, y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. 3 Pedís y no obtenéis, porque pedís mal, para derrochar en vuestros placeres.

Comentario a Santiago 3,16--4,3

Frente a la falsa sabiduría del mundo, la verdadera sabiduría (cfr 1 Co 1,18-3,3) produce frutos de mansedumbre, misericordia y paz (cfr Mt 5,5.7.9; Ga 5,22).

En contraste con lo que acaba de exponer (cfr 3,17-18), Santiago se refiere a las discordias y altercados entre cristianos que dificultan y perturban la convivencia. Enumera las causas principales: codicia y envidia (vv. 1-3); amor desor­denado a las cosas del mundo, orgullo y soberbia (vv. 4-10); y, como resultado, la murmuración y la maledicencia (vv. 11-12).

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