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Convertíos, y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo (Hch 2,14.36-41)

Domingo 4º de Pascua – A. 1ª lectura

14 Entonces Pedro, de pie con los once, alzó la voz para hablarles así:
— 36 Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis.
37 Al oír esto se dolieron de corazón y les dijeron a Pedro y a los demás apóstoles:
—¿Qué tenemos que hacer, hermanos?
38 Pedro les dijo:
—Convertíos, y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para todos los que quiera llamar el Señor Dios nuestro.
40 Con otras muchas palabras dio testimonio y les exhortaba diciendo:
—Salvaos de esta generación perversa.
41 Ellos aceptaron su palabra y fueron bautizados; y aquel día se les unieron unas tres mil almas.

Comentario a Hechos 2,14-41

El Bautismo que prescribe el Apóstol no es como el del Bautista, sino que incluye el don del Espíritu Santo (Hch 2,38; cfr 1,5; Lc 3,3.16). «Bautizarse en el nombre de Jesucristo» no denota literalmente una forma litúrgica empleada por los Apóstoles, en lugar de la fórmula trinitaria que aparece en Mt 28,19. En un documento de comienzos del siglo II, la Didaché, o Doctrina de los Doce Apóstoles, se indica que se debe bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, sin que ello sea obstáculo para que en otros pasajes se hable de «los bautizados en el nombre del Señor» (cfr Didaché 7,1; 9,5). La expresión bautizarse en el nombre de Cristo significa por tanto el sacramento instituido por Jesucristo, mediante el cual se adquiere la condición de cristiano.

Foto de Özgür Avşar en Unsplash

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