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Mostrando entradas de 2019

Te he puesto como centinela (Ez 33,7-9)

23º domingo del Tiempo ordinario - A. 1ª lectura      7 A ti, hijo de hombre, te he puesto como centinela sobre la casa de Israel: escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. 8 Si digo al impío: «Impío, vas a morir», y no hablas para advertir al impío de su camino, este impío morirá por su culpa, pero reclamaré su sangre de tu mano. 9 Pero si tú adviertes al impío para que se aparte de su camino y no se aparta, él morirá por su culpa pero tú habrás salvado tu vida. Como en un nuevo relato de vocación, Ezequiel retoma al comienzo de este capítulo la imagen del centinela para exponer su condición de profeta. En el capítulo tercero (Ez 3,16-21) se insistía en la obligación de avisar a sus oyentes; ahora desarrolla la metáfora del centinela en tiempo de guerra, haciendo hincapié en que tal misión es exigente y de gran influencia. En esta nueva etapa, el profeta sólo tendrá que amonestar al impío. Parece como si el justo, que era amonestado...

La primacía de Cristo (Col 1,15-20)

15º domingo del Tiempo ordinario – C. 2ª lectura 15   Cristo Jesús es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, 16 porque en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y sobre la tierra, las visibles y las invisibles, sean los tronos o las dominaciones, los principados o las potestades. Todo ha sido creado por él y para él. 17 Él es antes que todas las cosas y todas subsisten en él. 18 Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia; él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que él sea el primero en todo, 19 pues Dios tuvo a bien que en él habitase toda la plenitud, 20 y por él reconciliar todos los seres consigo, restableciendo la paz, por medio de su sangre                                derramada en la Cruz, tanto en las criaturas de la tie...

Es asequible cumplir la ley de Dios (Dt 30,10-14)

15º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura Moisés habló al pueblo diciendo: 10 Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus mandamientos y sus leyes, escritos en el libro de esta ley, y conviértete al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma. 11 El presente mandamiento que hoy te ordeno no es imposible para ti, ni inalcanzable. 12 No está en los cielos para decir: «¿Quién podrá ascender por nosotros a los cielos a traerlo y hacérnoslo oír, para que lo pongamos por obra?». 13 Tampoco está allende los mares para decir: «¿Quién podrá cruzar por nosotros el mar a traerlo y hacérnoslo oír, para que lo pongamos por obra?». 14 No. El mandamiento está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que lo pongas por obra. El texto habla de la situación privilegiada de Israel por tener la Ley. El autor sagrado lo expresa de manera bellísima y admirable, a través de dos hermosas metáforas, compuestas con un cierto ritmo poético. También en la Epístol...

Los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios (Rm 8,8-17)

Pentecostés – C. 2ª lectura 8 Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Ahora bien, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, ciertamente el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu tiene vida a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en vosotros. 12 Así pues, hermanos, no somos deudores de la carne de modo que vivamos según la carne. 13 Porque si vivís según la carne, moriréis; pero, si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. 14 Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Porque no recibisteis un espíritu de esclavitud para es...

Una gran multitud que nadie podía contar (Ap 7,9.14b-17)

Domingo 4º de Pascua – C. 2ª lectura 9 Después de esto, en la visión, apareció una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos con túnicas blancas, y con palmas en las manos. Entonces uno de los ancianos intervino y me dijo: —Éstos que están vestidos con túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? 14b —Señor mío, tú lo sabes —le respondí yo. Y me dijo: —Éstos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero. 15 Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que se sienta en el trono habitará en medio de ellos. 16 Ya no pasarán hambre, ni tendrán sed, no les agobiará el s...

Resurrección de Jesús. El sepulcro vacío (Lc 24,1-12)

Vigilia Pascual – C. Evangelio 1 El día siguiente al sábado, todavía muy de mañana, llegaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado; 2 y se encontraron con que la piedra había sido removida del sepulcro. 3 Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Estaban desconcertadas por este motivo, cuando se les presentaron dos varones con vestidura refulgente. 5 Como estaban llenas de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: —¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? 6 No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea 7 diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día. 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras. 9 Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas c...

Bautizados en Cristo Jesús (Rm 6,3-11)

Vigilia Pascual. 8ª lectura 3  ¿No sabéis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados para unirnos a su muerte?  4  Pues fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva.  5  Porque si hemos sido injertados en él con una muerte como la suya, también lo seremos con una resurrección como la suya,  6  sabiendo esto: que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, para que fuera destruido el cuerpo del pecado, a fin de que ya nunca más sirvamos al pecado.  7  Quien muere queda libre del pecado. 8  Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,  9  porque sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere más: la muerte ya no tiene dominio sobre él.  10  Porque lo que murió, murió de u...

Os daré un corazón nuevo (Ez 36,16-28)

Vigilia Pascual. 7ª lectura 16  Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo: 17  —Hijo de hombre, cuando la casa de Israel habitaba sobre su tierra, la hicieron impura con su conducta y sus acciones. Su conducta era en mi presencia como la mancha de una mujer en menstruación.  18  Entonces derramé mi cólera sobre ellos por la sangre que habían derramado sobre el país, por los ídolos que lo habían contaminado.  19  Los dispersé entre las naciones y los esparcí entre los pueblos. Dicté sentencia contra ellos según su conducta y sus acciones.  20  Llegaron a las naciones en las que entraron y profanaron mi santo Nombre, porque decían de ellos: “Éstos son el pueblo del Señor; han salido de su tierra”.  21  Pero he tenido compasión por mi santo Nombre, que la casa de Israel profanaba entre las naciones a las que llegaron. 22  »Por eso, di a la casa de Israel: «Esto dice el Señor Dios: “No hago esto por vosotros, casa de Isra...

El paso del mar Rojo (Ex 14,15–15,1)

Vigilia Pascual. 3ª lectura 15  El Señor dijo a Moisés: —¿Por qué clamas hacia mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en camino.  16  Y tú, alza tu bastón y extiende tu mano hacia el mar y divídelo para que los hijos de Israel pasen por medio del mar como por tierra seca.  17  Yo, por mi parte, voy a endurecer el corazón de los egipcios para que entren tras ellos; así manifestaré mi gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus guerreros.  18  Y sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando yo muestre mi gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros. 19  El ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se puso en marcha y se situó tras ellos. Se puso en marcha también la columna de nube que iba delante de ellos y se situó detrás,  20  interponiéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; la nube era tan oscura por un lado y tan luminosa por otro, ...

El sacrificio de Abrahán (Gn 22,1-18)

Vigilia Pascual. 2ª lectura 1  Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Y le llamó: —¡Abrahán! Éste respondió: —Aquí estoy. 2  Entonces le dijo: —Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que tú amas, a Isaac, y vete a la región de Moria. Allí lo ofrecerás en sacrificio, sobre un monte que yo te indicaré. 3  Muy de mañana Abrahán se levantó, aparejó su asno, se llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac, cortó la leña del sacrificio, se puso en camino y se dirigió al lugar que le había dicho Dios.  4  Al tercer día, Abrahán alzó la vista y divisó el lugar a lo lejos.  5  Entonces dijo Abrahán a sus siervos: —Quedaos aquí con el asno mientras el muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios; luego volveremos con vosotros. 6  Tomó Abrahán la leña del sacrificio y se la cargó a su hijo Isaac, mientras él llevaba en la mano el fuego y el cuchillo; y se pusieron en marcha los dos juntos.  7  Isaac dijo a ...

Dios creó el cielo y la tierra (Gn 1,1–2,2)

Vigilia Pascual. 1ª lectura 1  En el principio creó Dios el cielo y la tierra.  2  La tierra era caos y vacío, la tiniebla cubría la faz del abismo y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. 3  Dijo Dios: —Haya luz. Y hubo luz.  4  Vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de la tiniebla.  5  Dios llamó a la luz día, y a la tiniebla llamó noche. Hubo tarde y hubo mañana: día primero. 6  Dijo Dios: —Haya un firmamento en medio de las aguas que separe unas aguas de las otras. 7  Dios hizo el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento. Y así fue.  8  Dios llamó al firmamento cielo. Hubo tarde y hubo mañana: día segundo. 9  Dijo Dios: —Que se reúnan las aguas de debajo del cielo en un solo lugar, y aparezca lo seco. Y así fue.  10  Llamó Dios a lo seco tierra, y a la reunión de aguas la llamó mares. Y vio Dios que...