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Es asequible cumplir la ley de Dios (Dt 30,10-14)



15º domingo del Tiempo ordinario – C. 1ª lectura
Moisés habló al pueblo diciendo:
10 Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus mandamientos y sus leyes, escritos en el libro de esta ley, y conviértete al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.
11 El presente mandamiento que hoy te ordeno no es imposible para ti, ni inalcanzable. 12 No está en los cielos para decir: «¿Quién podrá ascender por nosotros a los cielos a traerlo y hacérnoslo oír, para que lo pongamos por obra?». 13 Tampoco está allende los mares para decir: «¿Quién podrá cruzar por nosotros el mar a traerlo y hacérnoslo oír, para que lo pongamos por obra?». 14 No. El mandamiento está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que lo pongas por obra.
El texto habla de la situación privilegiada de Israel por tener la Ley. El autor sagrado lo expresa de manera bellísima y admirable, a través de dos hermosas metáforas, compuestas con un cierto ritmo poético. También en la Epístola a los Romanos (10,6-8), San Pablo utiliza este pasaje aplicándolo no ya al conocimiento de la Ley, sino al conocimiento de «la palabra de la fe» que predican los Apóstoles: ésta es ahora —como antes la Ley— la que pone de manifiesto los preceptos y los mandamientos de Dios, y —también como la Ley— debe estar constantemente en la boca y el corazón. Teodoreto de Ciro —comentando el texto griego de los LXX, que añade en el v. 14 «y en tus manos»— dice: «Se significa por la boca la meditación de las palabras divinas; por el corazón, a su vez, la prontitud del ánimo; por las manos la ejecución de los mandamientos» (Quaestiones in Octateuchum 38).
El pueblo cristiano, que posee la Nueva Ley y la Nueva Alianza, está en circunstancias aún mejores que el antiguo pueblo, puesto que ha recibido además la gracia de Cristo. Por esto, el Concilio de Trento enseña que «Dios no manda cosas imposibles, sino que al mandar avisa que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas, y ayuda para que puedas» (De iustificatione 11). En la Antigua Ley, aunque no se disponía de la gracia ganada por Cristo, la Providencia divina ayudaba a los israelitas a cumplir sus exigencias en previsión de esa gracia.

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