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Glorificad a Cristo Señor en vuestros corazones (1 P 3,15-18)

Domingo 6º de Pascua – A. 2ª lectura
15 Glorificad a Cristo Señor en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; 16 pero con mansedumbre y respeto, y teniendo limpia la conciencia, para que quienes calumnian vuestra buena conducta en Cristo, queden confundidos en aquello que os critican. 17 Porque es mejor padecer por hacer el bien, si ésa es la voluntad de Dios, que por hacer el mal. 18 Porque también Cristo padeció una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos, para llevaros a Dios. Fue muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
La coherencia de vida será ocasión de que quienes calumnian puedan rectificar (v. 16). Con palabras de Isaías referidas a Dios, se manda glorificar —literalmente, «santificar»— a Cristo Señor (v. 15), es decir, tributarle el culto sólo debido a Dios, aun en medio de las contrariedades: «¿Qué cosa es glorificar a Cristo en nuestros corazones sino sentir, por muy incomprensible que sea la gloria, su santidad en lo íntimo del corazón? ¡Qué gran fortaleza para vencer dan a los que tienen esperanza los fulgores inestimables de la santidad» (S. Beda, In 1 Epistolam Sancti Petri, ad loc.).

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