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Todos participamos de un solo pan (1 Co 10,16-17)

Corpus Christi – A. 2ª lectura

16 El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo? 17 Puesto que el pan es uno, muchos somos un solo cuerpo, porque todos participamos de un solo pan.

Comentario a 1 Corintios 10,16-17

Estas palabras forman parte de un pasaje más amplio en el que San Pablo está hablando acerca de si se deben o no comer las carnes sacrificadas a los ídolos (cfr. 1 Co 10,14-22). Aunque los ídolos no son nada, la participación en los sacrificios sería idolatría (cfr 1 Co 10,20). San Pablo ratifica su enseñanza comparándola con el sacrificio eucarístico. La palabra clave es «comunión» (1 Co 10,16.18,20), que significa intimidad, unión. Su efecto principal es la unión íntima con Jesucristo, como han subrayado los Santos Padres: «¿Qué es en realidad el pan? El Cuerpo de Cristo. ¿Que se hacen los que comulgan? Cuerpo de Cristo» (S. Juan Crisóstomo, In 1 Corinthios 24, ad loc.). Por eso, la participación en los banquetes idolátricos es incompatible con la comunión eucarística, pues rompe la unión con Cristo y con los demás cristianos. Las palabras de Pablo enseñan dos verdades fundamentales sobre la Eucaristía: su carácter sacrificial, al ponerla en relación con los sacrificios paganos (cfr 1 Co 10, 21), y la presencia real de Jesucristo, al afirmar que es la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo (cfr 1 Co 10,16): «En este divino sacrificio, que en la Misa se realiza, se contiene e incruentamente se inmola aquel mismo Cristo que una sola vez se ofreció Él mismo cruentamente en el altar de la Cruz (cfr Hb 9,27) (...). Una sola y la misma es, en efecto, la víctima, y el que ahora se ofrece por el ministerio de los sacerdotes, es el mismo que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz, siendo sólo distinta la manera de ofrecerse» (Conc. de Trento, De SS. Missae sacrificio, cap. 2).

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