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Unidad de la Iglesia (Ef 4,1-6)

17º domingo del Tiempo ordinario – B. 2ª lectura

1 Así pues, os ruego yo, el prisionero por el Señor, que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos unos a otros con caridad, 3 continuamente dispuestos a conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. 4 Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como habéis sido llamados a una sola esperanza: la de vuestra vocación. 5 Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 6 un solo Dios y Padre de todos: el que está sobre todos, por todos y en todos.

Comentario a Efesios 4,1-6

La unidad del Cuerpo de Cristo aparece como la exigencia primordial de cuanto se ha expuesto en la primera parte de la carta, y requiere humildad y tesón por parte de los cristianos. La unidad de la Iglesia —un sólo Cuerpo y un sólo Espíritu (v. 4)— se fundamenta en que hay un solo Dios, un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo (vv. 5-6). «El Espíritu Santo, que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, rea­liza esa admirable reunión de los fieles, y tan estrechamente une a todos en Cristo, que es el Principio de la unidad de la Iglesia» (Conc. Vaticano II, Unitatis redintegratio, n. 2).

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